MI HISTORIA EN VALLE ALTO: Camilo Arancibia, tesoro de Cuncumén

Hace más de 35 años, Camilo Arancibia (71) atiende con mucha amabilidad cuando algún vecino del del Valle del Choapa tiene dolores o sufre alguna fractura, a propósito de sus conocimientos como como sobador y componedor de huesos.

Fue en los ochenta cuando sintió que debía aprender este entrañable oficio. “Antes sobaba, pero no le tenía aprecio, después me di cuenta que había que ayudar a la gente, entonces le tomé más cariño”, recuerda mientras sostiene una pala en la misma parcela que lo vio nacer en la localidad de Cuncumén. Don Camilo es agricultor, pero aunque esté muy ocupado con sus nogales, nunca se ha negado a asistir a quien lo necesite. “Aprendí esto para ayudar” y uno de sus siete nietos: Hans (7), quien siempre lo observa con atención cuando alguien lo visita, podría ser la esperanza que tiene para mantener esta valiosa tradición que en su caso heredó de un generoso amigo llamado Mariano Tapia, que por mucho tiempo se dedicó a “sobar” y “arreglar” a quienes durante en ese entonces no tenían acceso a la atención de un médico especialista.

Aunque hoy es más factible ir a un hospital, son muchos los que prefieren ir a buscarlo cuando tienen alguna dolencia. Fracturas de clavícula, tobillos, rodillas, manos y costillas quebradas son parte de las urgencias que atiende. La consulta nunca es una sola ya que luego de atender la emergencia, se preocupa de controlar su evolución hasta completar la mejoría.

Aunque siente que su salud no lo acompaña mucho, el apoyo y compañía de Juana Chávez, su esposa por más de 45 años, le permiten mantenerse con buen ánimo y atender con especial cariño a cada persona que llega a buscarlo. Don Camilo se siente querido y reconocido por los vecinos y por la gente que llega de todo el valle a buscar su ayuda. Asegura que mantendrá esta tradición durante el máximo tiempo que pueda, siempre pensando en prestar una mano con esta práctica ancestral a quien lo requiera.

Publicado en boletín de Mayo 2019

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