Mi historia en Valle Alto: Violeta Flores, dueña de la primera hospedería del Valle Alto del Choapa

Violeta Flores junto a la primera construcción que hicieron para dar alojamiento

En la década de 1980 comenzaron a llegar los primeros afuerinos al valle alto del Choapa, en una época en que la explotación del yacimiento Los Pelambres estaba en ciernes. En ese entonces, el lugar más cercano para encontrar alojamiento y alimentación estaba en Illapel, un viaje que muchos trabajadores trataban de esquivar porque las condiciones del camino transformaban la ruta en una aventura de varias horas ida y vuelta. Para ahorrar tiempo, algunos empezaron a utilizar los vehículos para pasar la noche. Fue así como Carlos Villarroel Fernández, vecino de Cuncumén, encontró a un grupo de trabajadores durmiendo en una camioneta. Preocupado por el frío de la noche los albergó en su casa, un amable gesto que dio origen a un servicio que por entonces nadie ofrecía en el sector.

“Mi marido encontró que estaba muy helado así que les ofreció una cama. Al poco tiempo teníamos personas hasta en el living. Tuvimos que desarmar el comedor y transformarlo en piezas. Llenamos todo de camarotes”, recuerda Violeta Flores, viuda de Carlos Villarroel, quien finalmente se hizo cargo de lo que sería la Hospedería Cuncumén.

Con uno de los primeros pagos que recibieron tomaron la decisión de invertir en la construcción de tres piezas que existen hasta hoy. Desde ese minuto la casa que habitaban desde 1957 se transformó oficialmente en una hospedería donde los principales huéspedes eran trabajadores que venían de Antofagasta y estaban a cargo de la postación. “Eran muy buenas personas, hasta el día de hoy nos mandan saludos”, comenta Violeta.

Al comienzo eran tantos los huéspedes que muchas veces tenían que ingeniárselas para tenerles un espacio a todos. Sonia Tapia, vecina que trabajó en ese tiempo recuerda: “La gente se iba a su turno, hacíamos aseo, cambiábamos sábanas y llegaba al tiro a dormir el turno que había trabajado de noche, por eso hacíamos “camas calientes”, era la única forma de tenerlos a todos”.

 

Carlos Villarroel y su nieta Sabrina en el frontis de la casa que se transformó en hospedería

 

El hospedaje no era lo único necesario en esa época. La alimentación también fue un requerimiento de los primeros contratistas que llegaron a la zona, así es que empezaron a darle trabajo a varias vecinas para hacerse cargo de todas las comidas. “Teníamos gallinas, chanchos y todo para dar alimentación. Cosechábamos cebollas, tomates, perejil, cilantro… Antes había muchos animales así que un vecino me vendía toritos nuevos para sacar la mejor carne”, recuerda Violeta.

A sus 83 años todavía no piensa dejar de trabajar. Sus cinco hijos, 10 nietos y 8 bisnietos la ayudan en distintas áreas. “Estoy agradecida porque sacamos adelante a la familia gracias a las empresas que llegaron a la zona, en ese entonces éramos nosotros nomás los que dábamos alojamiento”, comenta.

La Hospedería Cuncumén continúa recibiendo huéspedes al final de la Avenida Algarrobo. Violeta Flores siempre está ahí, esperando amablemente a quienes buscan un lugar acogedor para descansar.

 

Violeta Flores y su marido Carlos Villarroel

 

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