MI HISTORIA EN VALLE ALTO: Carlos Calderón

Para Carlos Calderón llegar a su trabajo tiene un trasfondo que va más allá de una simple fuente laboral. Ya son ocho años los que lleva aprendiendo a propagar distintas especies nativas de su querido Cuncumén, variedades que ha hecho crecer desde las semillas que él mismo recolecta en distintos rincones de la localidad.

Fue el año 2010, cuando nació la Cooperativa de Desarrollo Sustentable, que Carlos empezó a trabajar en la empresa y se involucró con el proyecto del vivero, lugar donde nacen las  especies que reforestarán aquellas áreas impactadas por la minería. A sus 55 años está orgulloso de lo que ha aprendido “la reforestación es mitigación”, señala mientras realiza la poda de maitenes.

Cuando joven trabajó en la agricultura, construyó casas, fue albañil, gasfíter y maestro segunda en la minería. Pero recién en el vivero logró la estabilidad que buscaba para compartir su vida con su esposa Nirma Araya, madre de sus dos hijos y con quien tiene una historia de amor desde el colegio cuando ambos estudiaban en la Escuela Básica de Cuncumén. Ella tenía 13 y él 15 años. “Yo siempre he sido tímido, fue ella la que empezó. Me mandaba saludos”, recuerda.

“Hasta el año 2010 éramos muy felices. Teníamos planes de comprar un terreno y empezar a trabajar de forma particular, hasta que nos llegó el golpe. Ella empezó con dolores pero nunca pensé que tenía una enfermedad grave hasta que le encontraron un tumor. Casi caí desmayado cuando me llamó por teléfono para contarme. Del trabajo tuvieron que irme a dejar a la casa porque no me lo esperaba. La tuvieron que operar al tiro”, recuerda con pesar. Todos los ahorros que tenían se fueron en esa enfermedad. Aunque su esposa se recuperó, en diciembre del 2017 el cáncer regresó. No han sido días fáciles, pero cuando Carlos llega al trabajo logra distraerse un poco. Estar cerca de su casa y no tener que preocuparse por la estabilidad laboral le da más tranquilidad. “Mi señora está contenta porque yo tengo trabajo”, agrega mientras revisa con delicadeza las plantas del vivero que él mismo ayudó a construir. Una labor que cobra sentido cada día por la misión de recuperar rincones del Cuncumén que ha sido escenario de toda su vida.

Publicado en el boletín de junio 2018

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